Un informe global publicado en 2026, basado en datos de más de 2,5 millones de personas en 85 países, revela una alarmante realidad: casi la mitad de los jóvenes de entre 18 y 34 años enfrenta problemas graves de salud mental.
Este fenómeno, que comenzó durante la pandemia de COVID-19 y no ha mostrado signos de recuperación, marca una brecha generacional sin precedentes. Las nuevas generaciones viven peor mentalmente que sus padres y abuelos, especialmente en los países más desarrollados.
Una brecha generacional preocupante
El estudio, realizado por el Global Mind Project, utiliza el índice Mind Health Quotient (MHQ) para evaluar 47 capacidades cognitivas, emocionales y sociales. Los resultados son contundentes: mientras los mayores de 55 años mantienen una puntuación media de 101 en el MHQ, los jóvenes de 18 a 34 años apenas alcanzan un promedio de 36. Esto significa que solo el 10% de los mayores presenta dificultades mentales significativas, frente al 41% de los jóvenes.
Los investigadores concluyen que muchos jóvenes no están prosperando, sino simplemente “resistiendo”. Este deterioro se observa en casi todos los países analizados, planteando una pregunta inquietante: ¿qué tipo de sociedad surgirá cuando estas generaciones envejezcan?

La paradoja de los países ricos
Uno de los hallazgos más sorprendentes es que los países con mayor desarrollo económico presentan los peores niveles de salud mental juvenil. Mientras que jóvenes en África subsahariana, como Ghana, Nigeria, Kenia y Tanzania, muestran los mejores resultados, economías avanzadas como Japón, Reino Unido, Nueva Zelanda y Taiwán registran los peores indicadores. Esto sugiere que la salud mental no está directamente relacionada con la riqueza ni con el gasto en servicios psicológicos.
América Latina: el poder de los vínculos familiares
El informe destaca el papel crucial de los vínculos familiares en la salud mental. Los jóvenes con relaciones familiares cercanas tienen casi cuatro veces menos probabilidades de sufrir problemas mentales significativos. En este aspecto, los países latinoamericanos de habla hispana destacan a nivel mundial. República Dominicana y Argentina lideran la lista de países con los vínculos familiares más fuertes, lo que podría explicar por qué algunas naciones latinoamericanas presentan mejores indicadores de bienestar emocional que otras regiones más ricas.
España también figura entre los países con relaciones familiares relativamente estrechas, aunque las diferencias generacionales son cada vez más evidentes.

Cuatro factores clave detrás del deterioro
Los investigadores identifican cuatro grandes cambios sociales que explican el empeoramiento de la salud mental juvenil:
- Vínculos familiares más débiles: Las nuevas generaciones mantienen menos relaciones cercanas con su familia que las anteriores.
- Menor espiritualidad: Las personas con niveles más altos de espiritualidad tienden a presentar menos depresión y mejor control emocional.
- Uso temprano de smartphones: La Generación Z es la primera que crece completamente con teléfonos inteligentes. Recibir un móvil antes de los 13 años aumenta el riesgo de pensamientos suicidas, agresividad, problemas de sueño y dificultades sociales.
- Consumo de alimentos ultraprocesados: Este tipo de dieta está vinculada con mayor propensión a la depresión y un peor control emocional y cognitivo. En este sentido cabe destacar que en los países desarrollados, los ultraprocesados ya representan más del 60 % de las calorías consumidas.
Una crisis silenciosa
Los especialistas advierten de que centrarse únicamente en tratamientos psicológicos no será suficiente para revertir la tendencia. Según concluyen, la crisis actual tiene raíces profundas en cambios culturales, tecnológicos y alimentarios, lo que obliga a repensar cómo viven y crecen las nuevas generaciones. El desafío, señalan, no es solo sanitario, sino social: si el deterioro continúa, podría afectar a la productividad, la cohesión social y el funcionamiento de las sociedades en las próximas décadas.