Mientras el mundo mira a Irán, China consolida su estrategia para dominar las tecnologías del siglo XXI

Mientras el mundo mira a Irán, China consolida su estrategia para dominar las tecnologías del siglo XXI
Mien­tras el mun­do obser­va la gue­rra de Irán y sus efec­tos sobre la ener­gía y la segu­ri­dad inter­na­cio­nal, Chi­na ha opta­do por con­cen­trar­se en una bata­lla dis­tin­ta: la carre­ra tec­no­ló­gi­ca que man­tie­ne con Esta­dos Uni­dos.

La Asam­blea Popu­lar Nacio­nal cerró su sesión anual con la apro­ba­ción de un plan quin­que­nal que sitúa la auto­su­fi­cien­cia tec­no­ló­gi­ca en el cora­zón del pro­yec­to nacio­nal, un ges­to que con­fir­ma que la riva­li­dad con Washing­ton es hoy el prin­ci­pal motor de la estra­te­gia chi­na.

El men­sa­je ofi­cial es que Chi­na repre­sen­ta un fac­tor de esta­bi­li­dad en un mun­do con­vul­so, pero bajo esa narra­ti­va late una urgen­cia: redu­cir la vul­ne­ra­bi­li­dad fren­te a las res­tric­cio­nes esta­dou­ni­den­ses en semi­con­duc­to­res, inte­li­gen­cia arti­fi­cial y cade­nas de sumi­nis­tro crí­ti­cas. Des­de que Esta­dos Uni­dos impu­so con­tro­les a la expor­ta­ción de chips avan­za­dos y pre­sio­nó a sus alia­dos para limi­tar la trans­fe­ren­cia de tec­no­lo­gía, Pekín ha ace­le­ra­do su inver­sión en inves­ti­ga­ción, manu­fac­tu­ra y capa­ci­da­des pro­pias. El plan quin­que­nal apro­ba­do con 2.758 votos a favor refle­ja esa deter­mi­na­ción: más fon­dos para inte­li­gen­cia arti­fi­cial, robó­ti­ca, compu­tación cuán­ti­ca y mate­ria­les estra­té­gi­cos, y un esfuer­zo explí­ci­to por cerrar bre­chas tec­no­ló­gi­cas que con­di­cio­nan el cre­ci­mien­to futu­ro.

La visi­ta que Donald Trump rea­li­za­rá a Bei­jing en tres sema­nas aña­de ten­sión a un esce­na­rio ya car­ga­do. Aun­que los comu­ni­ca­dos ofi­cia­les evi­ta­ron men­cio­nar­lo, sus polí­ti­cas aran­ce­la­rias y su uso de la fuer­za mili­tar en dis­tin­tos esce­na­rios han con­tri­bui­do a un cli­ma inter­na­cio­nal más volá­til. Pekín, que defien­de públi­ca­men­te el orden mul­ti­la­te­ral sur­gi­do tras la Segun­da Gue­rra Mun­dial, insis­te en que ese sis­te­ma debe refor­mar­se para refle­jar el peso de las eco­no­mías emer­gen­tes, una for­ma de cues­tio­nar la hege­mo­nía esta­dou­ni­den­se sin con­fron­ta­ción direc­ta.

El plan quin­que­nal tam­bién fija un obje­ti­vo de cre­ci­mien­to del 4,5% al 5% para 2026, una meta mode­ra­da que per­mi­te al gobierno prio­ri­zar la trans­for­ma­ción estruc­tu­ral sobre los resul­ta­dos inme­dia­tos. Muchos eco­no­mis­tas sos­tie­nen que Chi­na debe­ría impul­sar el con­su­mo interno para equi­li­brar su mode­lo eco­nó­mi­co, pero las auto­ri­da­des han opta­do por una estra­te­gia gra­dual: ampliar la segu­ri­dad social y mejo­rar las pres­ta­cio­nes, mien­tras los recur­sos prin­ci­pa­les se des­ti­nan a sec­to­res tec­no­ló­gi­cos con­si­de­ra­dos estra­té­gi­cos para la com­pe­ten­cia glo­bal.

En mate­ria cli­má­ti­ca, el docu­men­to man­tie­ne una pos­tu­ra con­ser­va­do­ra al com­pro­me­ter­se solo a redu­cir la inten­si­dad de emi­sio­nes, no las emi­sio­nes tota­les. Aun­que Chi­na es el mayor emi­sor del mun­do, su lide­raz­go en ener­gías reno­va­bles con­vi­ve con la cons­truc­ción de nue­vas cen­tra­les de car­bón, una con­tra­dic­ción que refle­ja la prio­ri­dad abso­lu­ta de garan­ti­zar segu­ri­dad ener­gé­ti­ca en un con­tex­to de riva­li­dad geo­po­lí­ti­ca.

La Asam­blea tam­bién apro­bó una nue­va ley sobre mino­rías étni­cas que refuer­za la visión de Xi Jin­ping de una iden­ti­dad nacio­nal uni­fi­ca­da, una medi­da que ana­lis­tas inter­na­cio­na­les inter­pre­tan como par­te del for­ta­le­ci­mien­to del con­trol polí­ti­co interno. En para­le­lo, las pro­pues­tas para ampliar las vaca­cio­nes paga­das y reco­no­cer un “dere­cho al des­can­so” han cap­ta­do la aten­ción públi­ca, refle­jan­do la pre­sión social por mejo­rar la cali­dad de vida en un país don­de la com­pe­ten­cia labo­ral es inten­sa.

El resul­ta­do final es un plan que com­bi­na ambi­ción tec­no­ló­gi­ca, pru­den­cia eco­nó­mi­ca y con­so­li­da­ción polí­ti­ca. Chi­na quie­re pre­sen­tar­se como un actor esta­ble en un mun­do incier­to, pero su estra­te­gia reve­la una reali­dad más pro­fun­da: la con­vic­ción de que el lide­raz­go glo­bal del futu­ro se deci­di­rá en los labo­ra­to­rios, las fábri­cas de chips y las pla­ta­for­mas de inte­li­gen­cia arti­fi­cial, no en los cam­pos de bata­lla tra­di­cio­na­les. Y en esa carre­ra, Pekín no está dis­pues­to a que­dar atrás.

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