Los ataques iraníes contra buques, aeropuertos y yacimientos petroleros han elevado el precio del crudo por encima de los 100 dólares.
Los ataques iraníes contra el tráfico marítimo y la infraestructura energética en el golfo Pérsico volvieron a sacudir los mercados internacionales el jueves, impulsando el precio del crudo Brent por encima de los 100 dólares por barril y alimentando el temor a un conflicto prolongado en Oriente Medio. La escalada se produce mientras Estados Unidos e Israel continúan bombardeando objetivos en la República Islámica, sin que se vislumbre un final cercano a la guerra iniciada el 28 de febrero.
Teherán ha intensificado su estrategia de presión económica con ataques coordinados que buscan elevar el coste global del conflicto. En las últimas horas, un buque portacontenedores fue alcanzado frente a Dubái, un incendio se desató cerca del aeropuerto internacional de Bahréin, un importante yacimiento petrolero saudí fue atacado con drones y las terminales petroleras de Irak quedaron paralizadas tras un impacto en el puerto de Basora. Kuwait y Emiratos Árabes Unidos también reportaron nuevos ataques, mientras que las defensas aéreas de Dubái fueron activadas en dos ocasiones para interceptar proyectiles.
La ofensiva desafía abiertamente la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU que exigía a Irán detener sus ataques contra países del Golfo. Lejos de moderar su postura, Teherán ha ampliado el alcance de sus operaciones. Las sirenas sonaron en Jerusalén pasada la medianoche cuando Israel interceptó misiles iraníes, y horas después se registraron nuevas explosiones en la ciudad. Desde Líbano, milicianos de Hezbollah lanzaron unos 200 cohetes hacia el norte de Israel, obligando a miles de personas a refugiarse en zonas como Tel Aviv y Jerusalén.

Israel respondió con una “ola de ataques a gran escala” sobre Teherán y sobre territorio libanés, donde al menos 11 personas murieron en dos bombardeos matutinos. En Beirut, un ataque alcanzó un vehículo en la zona turística de Ramlet al-Bayda, causando ocho muertos y más de treinta heridos, según el Ministerio de Salud libanés. Otros ataques en Aramoun y en la capital iraní dejaron nuevas víctimas, incluidos diez fallecidos en Teherán tras ataques con drones contra puestos de control.
La dimensión humana del conflicto sigue creciendo. La agencia de la ONU para los refugiados estima que 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán, mientras que en Líbano la cifra supera las 759.000. Las autoridades iraníes afirman que más de 1.300 personas han muerto desde el inicio de la guerra, Israel reporta 12 fallecidos y Estados Unidos ha confirmado la muerte de siete soldados, además de ocho heridos graves.
En el plano político, el líder supremo iraní, el ayatolá Mojtaba Jamenei, no ha aparecido públicamente desde el inicio del conflicto, mientras que el presidente Masoud Pezeshkian afirmó que la guerra solo terminará si se reconocen los “derechos legítimos” de Irán, se pagan reparaciones y se ofrecen garantías contra futuros ataques. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió que cualquier intento de Estados Unidos de atacar islas estratégicas en el golfo Pérsico “hará que la sangre de los invasores corra por el golfo”, y responsabilizó personalmente al presidente estadounidense Donald Trump de la muerte de soldados norteamericanos.

El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, permanece prácticamente paralizado. La interrupción del tráfico marítimo ha provocado un alza del 38% en el precio del crudo desde el inicio de la guerra, con picos que han llegado a rozar los 120 dólares por barril. La incertidumbre energética se ha extendido a los mercados financieros de la región: Citibank anunció el cierre temporal de todas sus sucursales en Emiratos Árabes Unidos salvo una, tras amenazas iraníes contra instituciones financieras.
La escalada militar, el impacto económico y la ausencia de señales diplomáticas de distensión dibujan un escenario cada vez más volátil. Con ataques simultáneos en Irán, Israel, Líbano, Irak, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, la guerra se ha convertido en un conflicto regional de amplio alcance, con consecuencias que ya se sienten en los mercados globales y que podrían intensificarse si no se logra frenar la espiral de represalias.