Trump y cómo las políticas populistas terminan lesionando el interés general

Trump y cómo las políticas populistas terminan lesionando el interés general

Polí­ti­cas que pro­me­tían pro­te­ger al tra­ba­ja­dor local ter­mi­nan debi­li­tan­do ser­vi­cios públi­cos esen­cia­les y amplian­do las des­igual­da­des en el pro­pio cora­zón más con­ser­va­dor del país.

Las res­tric­cio­nes migra­to­rias apli­ca­das a los visa­dos labo­ra­les han pues­to en evi­den­cia un patrón carac­te­rís­ti­co de muchas estra­te­gias popu­lis­tas: deci­sio­nes dise­ña­das para obte­ner rédi­to polí­ti­co inme­dia­to que, al no con­si­de­rar la com­ple­ji­dad del sis­te­ma social y eco­nó­mi­co, ter­mi­nan gene­ran­do daños pro­fun­dos y dura­de­ros. En este caso, la narra­ti­va de pro­tec­ción del empleo nacio­nal se ha tra­du­ci­do en medi­das que afec­tan direc­ta­men­te a sec­to­res que depen­den de mano de obra cua­li­fi­ca­da difí­cil de atraer en el mer­ca­do inte­rior, como ocu­rre en muchos dis­tri­tos esco­la­res rura­les de los Esta­dos Uni­dos.

Estas comu­ni­da­des, que ya enfren­ta­ban difi­cul­ta­des estruc­tu­ra­les para cubrir pla­zas docen­tes, han vis­to cómo una herra­mien­ta esen­cial —la con­tra­ta­ción inter­na­cio­nal— se enca­re­cía y se vol­vía incier­ta. El resul­ta­do es una para­do­ja: polí­ti­cas pre­sen­ta­das como defen­sa del tra­ba­ja­dor local ter­mi­nan debi­li­tan­do ser­vi­cios públi­cos esen­cia­les que sos­tie­nen el bien­es­tar colec­ti­vo.

La cri­sis evi­den­cia un patrón carac­te­rís­ti­co del popu­lis­mo migra­to­rio: la prio­ri­dad de la sim­bo­lo­gía sobre la efi­ca­cia.

En este caso, la impo­si­ción de tari­fas ele­va­das y la incer­ti­dum­bre regu­la­to­ria se jus­ti­fi­ca­ron como una for­ma de favo­re­cer a los tra­ba­ja­do­res nacio­na­les sobre los extran­je­ros. Sin embar­go, la reali­dad de los dis­tri­tos rura­les mues­tra un esce­na­rio total­men­te opues­to, ya que no exis­ten docen­tes loca­les dis­pues­tos a ocu­par pues­tos en zonas con sala­rios más bajos, menor acce­so a ser­vi­cios y mayo­res índi­ces de pobre­za.

En este y en otros muchos casos, la con­tra­ta­ción inter­na­cio­nal no com­pi­te con el empleo nacio­nal, sino que cubre vacan­tes que de otro modo que­da­rían desier­tas. La medi­da no dis­tin­gue entre zonas y sec­to­res con abun­dan­cia de can­di­da­tos y aque­llos otros con una esca­sez endé­mi­ca de pro­fe­sio­na­les, lo que gene­ra un efec­to inde­sea­do de mayor des­igual­dad y exclu­sión social de aque­llos a los que supues­ta­men­te se que­ría pro­te­ger.

De esta for­ma, este tipo de deci­sio­nes, toma­das bajo una lógi­ca de con­fron­ta­ción y sim­pli­fi­ca­ción, igno­ran la inter­de­pen­den­cia entre polí­ti­cas migra­to­rias, ser­vi­cios públi­cos y cohe­sión social.

Los efec­tos ya se empie­zan a sen­tir en cen­tros don­de una par­te sus­tan­cial del claus­tro está for­ma­da por docen­tes inter­na­cio­na­les. Algu­nos dis­tri­tos han deci­di­do no reno­var con­tra­tos debi­do al ries­go finan­cie­ro, mien­tras que otros han vis­to cómo pro­fe­so­res con años de expe­rien­cia regre­sa­ban a sus paí­ses ante la fal­ta de esta­bi­li­dad labo­ral y, sobre todo, de segu­ri­dad per­so­nal.

Esta sali­da de docen­tes inter­na­cio­na­les ha obli­ga­do a los dis­tri­tos a recu­rrir a solu­cio­nes de emer­gen­cia que afec­tan a la cali­dad edu­ca­ti­va, como son el aumen­to de cla­ses vir­tua­les con pro­fe­so­ra­do remo­to; la con­tra­ta­ción de per­so­nal no cer­ti­fi­ca­do y la reduc­ción de la ofer­ta edu­ca­ti­va en mate­rias cla­ve.

Estas medi­das reper­cu­ten en el alum­na­do, espe­cial­men­te en comu­ni­da­des con menos recur­sos, amplian­do des­igual­da­des que ya eran pro­fun­das. Y afec­tan tam­bién a las fami­lias que apo­ya­ron las polí­ti­cas migra­to­rias res­tric­ti­vas, pues la degra­da­ción de los ser­vi­cios públi­cos no dis­tin­gue entre afi­ni­da­des polí­ti­cas.

La degra­da­ción de los ser­vi­cios públi­cos esen­cia­les son con­se­cuen­cia del efec­to boo­me­rang: las polí­ti­cas de índo­le iden­ti­ta­rio ter­mi­nan cas­ti­gan­do a quie­nes las aplau­die­ron y res­pal­da­ron.

Una carac­te­rís­ti­ca recu­rren­te del popu­lis­mo es pre­sen­tar pro­ble­mas com­ple­jos como si tuvie­ran solu­cio­nes sim­ples y rápi­das. En este caso, la idea de que res­trin­gir visa­dos pro­te­ge­ría el empleo nacio­nal se ha demos­tra­do insu­fi­cien­te para com­pren­der la reali­dad del mer­ca­do labo­ral en sec­to­res como la edu­ca­ción rural.

Cuan­do las polí­ti­cas se dise­ñan para refor­zar iden­ti­da­des polí­ti­cas más que para resol­ver pro­ble­mas, los cos­tes recaen sobre la ciu­da­da­nía en su con­jun­to. La pér­di­da de docen­tes cua­li­fi­ca­dos no solo afec­ta al pre­sen­te edu­ca­ti­vo, sino tam­bién al futu­ro eco­nó­mi­co y social.

El caso de los visa­dos labo­ra­les en el ámbi­to edu­ca­ti­vo ilus­tra cómo deci­sio­nes impul­sa­das por dis­cur­sos pola­ri­za­do­res pue­den gene­rar efec­tos con­tra­rios a los que pro­me­ten. Tam­bién mues­tra la nece­si­dad de polí­ti­cas públi­cas basa­das en diag­nós­ti­cos rigu­ro­sos, no en per­cep­cio­nes sim­pli­fi­ca­das o en la bús­que­da de impac­to sim­bó­li­co.

La cues­tión de fon­do es si las socie­da­des pue­den per­mi­tir­se polí­ti­cas que, en nom­bre de pro­te­ger a unos, ter­mi­nan per­ju­di­can­do a todos. Y si es posi­ble cons­truir un deba­te públi­co que reco­noz­ca la com­ple­ji­dad de los pro­ble­mas sin caer en solu­cio­nes que, aun­que polí­ti­ca­men­te ren­ta­bles, resul­tan social­men­te cos­to­sas.

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